¿Qué se sabe sobre la situación que viven los migrantes Haitianos desde que salen de su país de origen, dejando todo lo que allí tienen, para emprender un viaje en busca del sueño americano? Viaje el cual ha sido catalogado para muchos de ellos como un infierno.

Familias enteras huyen de la violencia, la pobreza y la crisis que viven en su país de origen, con la esperanza de encontrar mejores oportunidades en Estados Unidos. Por eso no les importa el peligro o infierno que esto representa.

Cuando se dice peligro, es uno inminente y que solo quienes lo viven, pueden dar testimonio de lo peligrosa que será su travesía para cumplir el sueño americano.
Este año, más de 91.300 migrantes (sobre todo de Haití) han hecho un largo viaje a través de la selva del peligroso Tapón del Darién rumbo a Panamá desde Colombia, con la esperanza de poder llegar a los Estados Unidos, Canadá o México, de acuerdo con datos del Servicio Nacional de Migraciones (SNM) de Panamá.
Los Haitianos y miles de migrantes que llegan a Colombia no se imaginan lo que les espera al recorrer la ruta panamericana, recordemos que esta ruta une prácticamente a todos los países del continente americano desde Alaska hasta la Patagonia, son alrededor de 15.000 Km de carretera, excepto entre Panamá y Colombia en 130 km, siendo esta una de las rutas más peligrosas del mundo, y el paso obligatorio de miles de migrantes provenientes de diferentes países del mundo, en la última década luego del terremoto del 2010 en Haití ha aumentado significativamente el paso de los Haitianos por el peligroso Tapón del Darién.
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La ruta llamada del Infierno, que recorren los migrantes es Chile, Perú, Brasil, Colombia, Panamá, Guatemala, Honduras, México y Luego EEUU.
Muchos Haitianos que han logrado llegar a EEUU y atravesar esta peligrosa ruta del Tapón del Darién cuentan que son de 7 a 10 días adentrándose en este infierno o selva y carretera intransitable llena de peligros, al llegar a Colombia, deben dirigirse hacia Necoclí-Antioquia donde toman una lancha que los lleva hacia Capurganá, y este es su último contacto con la civilización antes de ingresar a la peligrosa selva, luego de varios días recorriendo y topándose con los peligros que allí habitan como peligrosas enfermedades, grupos armados al margen de la ley y los inhóspitos climas llegan a Bajo Chiquito en Panamá y allí son recibidos por los médicos sin fronteras, quienes atienden víctimas desde violencia sexual hasta graves heridas en los pies de los migrantes producto de las largas caminatas.
Este es solo una de las pruebas e infierno que deben atravesar para cumplir su sueño y buscar una mejor vida para ellos y sus familias, sin embargo, estos migrantes prefieren seguir arriesgando sus vidas y no seguirse sometiendo más a una brecha social en la que la desigualdad cada día sigue creciendo, además de la violencia que aún se vive en países como Haití, porque para muchos migrar no es un delito sino una necesidad.
La UNICEF informó que al menos 7 escuelas de la capital de Puerto Príncipe, se vieron obligadas a pagar a pandillas no identificadas a cambio de seguridad en los últimos dos meses.
Los migrantes hacen un llamado URGENTE a los Gobiernos de Colombia y Panamá para que protejan esta peligrosa ruta a la que deben exponerse diariamente cientas de personas, sin importar el infierno que este significa.
Por. Laura Guzmán Ríos
